
Nos encontramos en un mercado globalizado, que ofrece oportunidades de trabajo en cualquier lugar del mundo, sin importar demasiado la habilidad, rendimiento o motivación y sin la suficiente capacidad como para cuantificar un servicio virtual de una forma equitativa en el actual muro de las ofertas o marketplace. Ante un mundo de oportunidades, también existen una amplia variedad de opciones posibles y son decisiones que determinan finalmente un negocio. El trabajo en Internet es una oferta constante bajo el designio del “outsourcing”.
En mi opinión, considero que ofrecer un servicio low-cost no es un modelo viable en la actualidad ni a corto ni a largo plazo. La franja de tiempo que plantea un servicio no es una justificación para ello. Aunque no suponga más que unos minutos de su tiempo, vender un servicio a bajo coste supone un envilecimiento de la tarea, pues plantea una desvalorización de la percepción de un profesional y lo limita a tareas básicas muy por debajo del nivel que tiene establecido pre-juzgándolo ante otras tareas de mayor nivel y encerrándolo en una serie de actividades que pueden producir trabas en su progreso de aptitudes económicas o laborales. No en todos los casos, pero si en una mayoría. Quien trabaja profesionalmente en Internet desdeña oportunidades que realmente no le compensan.
A menudo, muchos inversores e, inclusive, los Business Angels (que conceden alas a otros emprendedores) se han ido quejando de no encontrar la persona idónea para sus proyectos sin cuestionarse sobre el trato que reflejan sobre los trabajadores y si realmente pueden estar satisfechos con las retribuciones establecidas. Sí, para un freelance el dinero importa, es el motor del modelo productivo y el que ayuda a establecer relaciones laborales a largo plazo sumado a otros valores como conocimiento, auto-superación, confianza y relación de estabilidad.